
El sol se resiste a ocultarse; sus últimos rayos lánguidos acarician las cúspides de los macizos edificios de concreto. El ocaso hace acto de presencia. Entonces; ya se divisan por el cielo bandadas de aves, diferentes unas de otras pero todas con un punto de reunión común: los árboles. Ella camina por una de esas avenidas con cuatro obsoletos e insuficientes carriles por los cuales se desbordan incontables automoviles conducidos por todo tipo de gente (que al igual que las aves tratan de regresar a su hogar), lo cual ocasiona ese caos vial típico de las horas pico, acompañado de sus respectivos ruidos estridentes (el rechinar de llantas, los gritos de algún conductor desesperado y uno que otro claxon).
La acera por la que deambula es bastante ancha, la componen en su totalidad establecimientos de servicios de todo tipo: comida rápida, papelería, artículos chinos ilegales, una librería pero principalmente tiendas de ropa. En especial ropa para dama, y aunque iba con la vista hacia el suelo (lo habitual en ella), sin querer su mirada se encontró frente a un maniquí esbelto, elegantemente vestido con un traje sastre, erguido altivamente y con soberbia mirada de seguridad. Esa falsa mirada de seguridad llamó su atención.
-"Cada vez parecen más humanos".-Pensó mientras contemplaba el rostro del modelo.
-¿Le gusta?, parece ser de su talla. Puede preguntar y pedir información sin compromiso.- Preguntó una ávida vendedora al observar a una cliente potencial.
-Ejem... si, esta muy bonito pero por el momento solo estoy comparando precios.-Mintió.
-Aunque no compre nada puede medirselo sin compromiso. A usted en especial le vendría muy bien el modelo. Se diseñó pensando especialemente en las necesidades de imagen de las mujeres jóvenes, competitivas y con deseos de éxito. Así como usted. Los hombres no quitarán la vista de su persona.- Insistió la vendedora de aparentemente unos 35 años.
"¿Yo una mujer competitiva y exitosa?.Como se nota la desesperación por vender de esta pobre mujer".- Pensó.
-Mmm... ¿En serio creé que se me vería bien?.- Preguntó fingiendo interés en hacer la compra.
-Claro que si. El traje de exhibición combina muy bien con su tono de piel.- Contestó la vendedora.
-Esta bien, muéstreme uno para medírmelo.
-Entonces pase por favor. Ahora mismo voy por uno de la misma talla que el de exhibición, estoy segura que le quedará a la perfección.- Dijo la vendedora mientras caminaba apresuradamente al interior de la prestigiada boutique.
-¿Puedo sentarme aquí mientras la espero?.- Respondió señalando una silla.
-Por supuesto, no tardaré mucho.- Dijo la vendedora entusiasmada creyendo inocentemente que por fin iba a vender ese traje tan costoso después de estar una semana en exhibición. Lo que no sabía la mujer es que su posible cliente acostumbraba fingir interés cuando estaba frente a vendedores muy persistentes. Su estrategia consistía en aparentar descubrir algún atributo a la prenda o el artículo en venta gracias al vendedor persistente, luego entraba a la tienda se medía la prenda o examinaba minuciosamente el artículo en cuestión, preguntaba el precio de contado y el tipo de tarjetas de crédito que aceptaban. Había ocasiones en las que luego preguntaba por artículos diferentes a los que le habían ofrecido al principio. Después de cierto tiempo (variaba dependiendo de su estado de ánimo) solía decirles a los vendedores que no traía dindero en efectivo, o que no tenía la tarjeta de crédito y se disculpaba prometiendo regresar al siguiente día para realizar la compra.
"Eso es para que aprendan a respetar la decisión de las personas. Si dices "no" significa "no". Pensaba luego de observar la mirada de frustración (en ocasiones de ira) de los vendedores engañados.
Y ahí se sentó con las piernas cruzadas hacia atrás esperando a su nueva vendedora "víctima". Observó a su alrededor. La tienda era amplia, alfombrada, exhibía ropa de los más diversos estilos. Las vendedoras vestían elegantemente así como la mayoría de los clientes.
"Es realmente curioso lo que un trozo de tela puede hacer creer a los demás. ¡Ja!, mujer jóven, competitiva, exitosa y hasta atractiva al género masculino." Pensó mientras a lo lejos vió su "víctima" con el traje en mano.
No gustaba mucho de visitar ese tipo de tiendas de artículos costosos, de hecho a veces le era insoportable estar ahí escuchando las quejas vacías así como el tono y timbre de voz de las típicas mujeres de con alto poder adquisitivo que acostumbraban visitar ese tipo de lugares. Más molesto era aún, el ver como las vendedoras (en especial de ese tipo de tiendas) trataban hipócritamente a las clientes débiles que, en busca de aceptación social, compraban todo para así tratar de saciar su vacío existencial.
-Aquí está el traje. Pase por favor al vestidor.-Dijo la vendedora señalando el camino.
-Gracias.
Después de unos minutos salió del vestidor para ver la imágen que el espejo le devolvía. La vendedora esperaba a un lado del espejo convencida de que el traje se iba a vender.
-Se lo dije. Era su talla. Le queda muy bien.
-Si, ¿verdad?.
-Claro, una mujer joven vestida así siempre llamará la atención de hombres y mujeres, especialmente de hombres. Proyecta usted una imagen estupenda.- Dijo la vendedora.
"Una imagen, eso es la sociedad actual, solo una imagen. Todos quieren aparentar ser algo que no son. ." Pensaba frecuentemente.
-¿Me veo casi tan bien como el maniquí?- Preguntó.
-Se ve mejor que el maniquí porque para empezar usted es humana. No es un maniquí.- Dijo la vendedora.
"Soy humana ¿y qué tiene eso de especial?. El humano es tan estúpidamente orgulloso como para sentirse superior a los demás animales. Y no conforme con sentirse superior a los animales todavía lucha con otros de su misma especie en busca de superioridad". Pensó en ese momento.
-Tiene razón.- Se limitó a constestar tímidamente.
-Tenemos modelos similares a este puedo mostrarle algunos.
-No, gracias este en especial me agradó. De hecho creo que me lo llevaré.
-Que bien porque esta semana tenemos promoción del 10% de descuento en ropa de esta marca tan prestigiada.
"Prestigio, todos lo quieren pero casi nadie lo tiene". Pensó.
-Muy bien, entonces proceda a empaquetarlo.
-Ahora mismo, no tardo- La vendedora de nuevo caminaba a pasos agigantados hacia la caja.
Ella en cambio regresó a contemplar al maniquí inmóvil que representaba la imagen exitosa que cualquier mujer anhela proyectar.
"Y pensar que puedo aparentar lo mismo que el maniquí".- Pensó.
Minutos después la "víctima" regresaba con la cara radiante y mostrando más amabilidad que anteriormente al sentir que el trato se cerraba irremediablemente a su favor.
-Ya puede pasar a caja a realizar el pago.- Dijo la vendedora señalando el lugar.
-Ah, si. Me apena mucho decirle que olvidé mi tarjeta de crédito y no traigo suficiente efectivo como para pagar el traje. Lo siento. Pero mañana mismo paso por el traje. Apártemelo por favor.- Contestó con su tan familiar pseudodisculpa.
-Si señorita. Mañana la esperamos aquí.- Esta vez el tono de la voz de la vendedora se había apagado así como el brillo momentáneo que su rostro tenía hacía unos instantes.
-Muchas gracias, tenga por seguro que volveré.
-Fue un placer atenderla.- Dijo la vendedora visiblemente frustrada.
Y acto seguido salió de la tienda no sin antes ver por última vez aquél maniquí distante, frío, autosuficiente y rozagante.
"Tengo que corregirme. No es que parezcan más humanos, el humano cada vez se parece más a un maniquí".
Y continuó su camino por la solitaria acera, con gente caminando en todas direcciones...
P.D. Creo que me dió verborrea.
La acera por la que deambula es bastante ancha, la componen en su totalidad establecimientos de servicios de todo tipo: comida rápida, papelería, artículos chinos ilegales, una librería pero principalmente tiendas de ropa. En especial ropa para dama, y aunque iba con la vista hacia el suelo (lo habitual en ella), sin querer su mirada se encontró frente a un maniquí esbelto, elegantemente vestido con un traje sastre, erguido altivamente y con soberbia mirada de seguridad. Esa falsa mirada de seguridad llamó su atención.
-"Cada vez parecen más humanos".-Pensó mientras contemplaba el rostro del modelo.
-¿Le gusta?, parece ser de su talla. Puede preguntar y pedir información sin compromiso.- Preguntó una ávida vendedora al observar a una cliente potencial.
-Ejem... si, esta muy bonito pero por el momento solo estoy comparando precios.-Mintió.
-Aunque no compre nada puede medirselo sin compromiso. A usted en especial le vendría muy bien el modelo. Se diseñó pensando especialemente en las necesidades de imagen de las mujeres jóvenes, competitivas y con deseos de éxito. Así como usted. Los hombres no quitarán la vista de su persona.- Insistió la vendedora de aparentemente unos 35 años.
"¿Yo una mujer competitiva y exitosa?.Como se nota la desesperación por vender de esta pobre mujer".- Pensó.
-Mmm... ¿En serio creé que se me vería bien?.- Preguntó fingiendo interés en hacer la compra.
-Claro que si. El traje de exhibición combina muy bien con su tono de piel.- Contestó la vendedora.
-Esta bien, muéstreme uno para medírmelo.
-Entonces pase por favor. Ahora mismo voy por uno de la misma talla que el de exhibición, estoy segura que le quedará a la perfección.- Dijo la vendedora mientras caminaba apresuradamente al interior de la prestigiada boutique.
-¿Puedo sentarme aquí mientras la espero?.- Respondió señalando una silla.
-Por supuesto, no tardaré mucho.- Dijo la vendedora entusiasmada creyendo inocentemente que por fin iba a vender ese traje tan costoso después de estar una semana en exhibición. Lo que no sabía la mujer es que su posible cliente acostumbraba fingir interés cuando estaba frente a vendedores muy persistentes. Su estrategia consistía en aparentar descubrir algún atributo a la prenda o el artículo en venta gracias al vendedor persistente, luego entraba a la tienda se medía la prenda o examinaba minuciosamente el artículo en cuestión, preguntaba el precio de contado y el tipo de tarjetas de crédito que aceptaban. Había ocasiones en las que luego preguntaba por artículos diferentes a los que le habían ofrecido al principio. Después de cierto tiempo (variaba dependiendo de su estado de ánimo) solía decirles a los vendedores que no traía dindero en efectivo, o que no tenía la tarjeta de crédito y se disculpaba prometiendo regresar al siguiente día para realizar la compra.
"Eso es para que aprendan a respetar la decisión de las personas. Si dices "no" significa "no". Pensaba luego de observar la mirada de frustración (en ocasiones de ira) de los vendedores engañados.
Y ahí se sentó con las piernas cruzadas hacia atrás esperando a su nueva vendedora "víctima". Observó a su alrededor. La tienda era amplia, alfombrada, exhibía ropa de los más diversos estilos. Las vendedoras vestían elegantemente así como la mayoría de los clientes.
"Es realmente curioso lo que un trozo de tela puede hacer creer a los demás. ¡Ja!, mujer jóven, competitiva, exitosa y hasta atractiva al género masculino." Pensó mientras a lo lejos vió su "víctima" con el traje en mano.
No gustaba mucho de visitar ese tipo de tiendas de artículos costosos, de hecho a veces le era insoportable estar ahí escuchando las quejas vacías así como el tono y timbre de voz de las típicas mujeres de con alto poder adquisitivo que acostumbraban visitar ese tipo de lugares. Más molesto era aún, el ver como las vendedoras (en especial de ese tipo de tiendas) trataban hipócritamente a las clientes débiles que, en busca de aceptación social, compraban todo para así tratar de saciar su vacío existencial.
-Aquí está el traje. Pase por favor al vestidor.-Dijo la vendedora señalando el camino.
-Gracias.
Después de unos minutos salió del vestidor para ver la imágen que el espejo le devolvía. La vendedora esperaba a un lado del espejo convencida de que el traje se iba a vender.
-Se lo dije. Era su talla. Le queda muy bien.
-Si, ¿verdad?.
-Claro, una mujer joven vestida así siempre llamará la atención de hombres y mujeres, especialmente de hombres. Proyecta usted una imagen estupenda.- Dijo la vendedora.
"Una imagen, eso es la sociedad actual, solo una imagen. Todos quieren aparentar ser algo que no son. ." Pensaba frecuentemente.
-¿Me veo casi tan bien como el maniquí?- Preguntó.
-Se ve mejor que el maniquí porque para empezar usted es humana. No es un maniquí.- Dijo la vendedora.
"Soy humana ¿y qué tiene eso de especial?. El humano es tan estúpidamente orgulloso como para sentirse superior a los demás animales. Y no conforme con sentirse superior a los animales todavía lucha con otros de su misma especie en busca de superioridad". Pensó en ese momento.
-Tiene razón.- Se limitó a constestar tímidamente.
-Tenemos modelos similares a este puedo mostrarle algunos.
-No, gracias este en especial me agradó. De hecho creo que me lo llevaré.
-Que bien porque esta semana tenemos promoción del 10% de descuento en ropa de esta marca tan prestigiada.
"Prestigio, todos lo quieren pero casi nadie lo tiene". Pensó.
-Muy bien, entonces proceda a empaquetarlo.
-Ahora mismo, no tardo- La vendedora de nuevo caminaba a pasos agigantados hacia la caja.
Ella en cambio regresó a contemplar al maniquí inmóvil que representaba la imagen exitosa que cualquier mujer anhela proyectar.
"Y pensar que puedo aparentar lo mismo que el maniquí".- Pensó.
Minutos después la "víctima" regresaba con la cara radiante y mostrando más amabilidad que anteriormente al sentir que el trato se cerraba irremediablemente a su favor.
-Ya puede pasar a caja a realizar el pago.- Dijo la vendedora señalando el lugar.
-Ah, si. Me apena mucho decirle que olvidé mi tarjeta de crédito y no traigo suficiente efectivo como para pagar el traje. Lo siento. Pero mañana mismo paso por el traje. Apártemelo por favor.- Contestó con su tan familiar pseudodisculpa.
-Si señorita. Mañana la esperamos aquí.- Esta vez el tono de la voz de la vendedora se había apagado así como el brillo momentáneo que su rostro tenía hacía unos instantes.
-Muchas gracias, tenga por seguro que volveré.
-Fue un placer atenderla.- Dijo la vendedora visiblemente frustrada.
Y acto seguido salió de la tienda no sin antes ver por última vez aquél maniquí distante, frío, autosuficiente y rozagante.
"Tengo que corregirme. No es que parezcan más humanos, el humano cada vez se parece más a un maniquí".
Y continuó su camino por la solitaria acera, con gente caminando en todas direcciones...
P.D. Creo que me dió verborrea.








