Talvez algunos de ustedes se preguntarán porqué del nombre de mi blog es "La cueva de Favíbora". Ya me imagino el sinnúmero de personas que dejan de dormir cada noche preguntandose esto (¡uy si!). Así que he decidido, después de los constantes ruegos y súplicas de tantas personas explicarles el origen del nombre.
Iré por partes:
¿Porqué cueva?
Porque así es mi mente, mi pensamiento (¿acaso pienso?), mi consciente, mi subconsciente. Mi mente es una cueva a la cual todavía no logro entender del todo y no sé si algun día termine de conocerla y comprenderla. A veces; mientras camino en su interior encuentro los largos caminos de mis obsesiones que no me llevan a ningún lado. Otras veces solo veo los senderos tortuosos y retorcidos de mis traumas y miedos absurdos e irracionales. Algunas veces (¿algunas veces?...¡ja! más bien casi siempre) la cueva se torna sofocante y húmeda.... tan húmeda que mis ojos reaccionan con lágrimas. Hay espacios que se ven tan vacíos y desérticos que ocasionan una sensación de soledad profunda. Existen tantos tramos en los que el espacio de la cueva se estrecha y no puedo ver ni escuchar a los demás. Caminando por la cueva es muy común encontrarse con depósitos de un gas hasta ahora desconocido el cual provoca una fuerte sensación de angustia por el futuro. Debido a la obscuridad que predomina muy seguido me tropiezo o me doy de frentazos contra las paredes de la obstinación.
También hay algunas rocas de diferentes tamaños y formas, unas son rocas de los conocimientos aprendidos durante mi formación académica (estas deben ser más bien piedritas chiquitas); otras rocas son los recuerdos que tengo desde que nací hasta el día de hoy. Pero también hay rocas tan enormes y frondosas que parecen montañas y que obstaculizan mi camino; estas rocas son el maldito rencor, la ira y la más grande de todas: fétida depresión. Si, aunque suene extraño esta roca es tan fétida que el olor resulta ser un excelente estupefaciente, me aisla del mundo, me hace odiarme a mí misma al grado de preferir la muerte, me impide esbosar una sonrisa en mis labios, me hace sudar frío, me provoca insomnio y aceleradas palpitaciones, agita mi respiración, me provoca constantemente alucinaciones donde lo único que veo son a mis seres queridos muriendo. Esta mole no me permite dar ni recibir cariño de los demás y me recuerda a cada rato mi errores y culpas. ¡Como quisiera tener un poderoso detonante para hacerla pedazos!, he intentado con varios explosivos (antidepresivos, música, novio, trabajo) pero no he podido deshacerla
A pesar de lo lúgubre e inhóspito que parezca este lugar hay sitios en los que de vez en cuando se puede apreciar algunos pálidos y tímidos rayos del sol de la esperanza y las ganas de salir adelante. Ahí me tocó vivir, esa es mi humilde morada a la cual los estoy invitando a conocer através de este medio.
Porque así es mi mente, mi pensamiento (¿acaso pienso?), mi consciente, mi subconsciente. Mi mente es una cueva a la cual todavía no logro entender del todo y no sé si algun día termine de conocerla y comprenderla. A veces; mientras camino en su interior encuentro los largos caminos de mis obsesiones que no me llevan a ningún lado. Otras veces solo veo los senderos tortuosos y retorcidos de mis traumas y miedos absurdos e irracionales. Algunas veces (¿algunas veces?...¡ja! más bien casi siempre) la cueva se torna sofocante y húmeda.... tan húmeda que mis ojos reaccionan con lágrimas. Hay espacios que se ven tan vacíos y desérticos que ocasionan una sensación de soledad profunda. Existen tantos tramos en los que el espacio de la cueva se estrecha y no puedo ver ni escuchar a los demás. Caminando por la cueva es muy común encontrarse con depósitos de un gas hasta ahora desconocido el cual provoca una fuerte sensación de angustia por el futuro. Debido a la obscuridad que predomina muy seguido me tropiezo o me doy de frentazos contra las paredes de la obstinación.
También hay algunas rocas de diferentes tamaños y formas, unas son rocas de los conocimientos aprendidos durante mi formación académica (estas deben ser más bien piedritas chiquitas); otras rocas son los recuerdos que tengo desde que nací hasta el día de hoy. Pero también hay rocas tan enormes y frondosas que parecen montañas y que obstaculizan mi camino; estas rocas son el maldito rencor, la ira y la más grande de todas: fétida depresión. Si, aunque suene extraño esta roca es tan fétida que el olor resulta ser un excelente estupefaciente, me aisla del mundo, me hace odiarme a mí misma al grado de preferir la muerte, me impide esbosar una sonrisa en mis labios, me hace sudar frío, me provoca insomnio y aceleradas palpitaciones, agita mi respiración, me provoca constantemente alucinaciones donde lo único que veo son a mis seres queridos muriendo. Esta mole no me permite dar ni recibir cariño de los demás y me recuerda a cada rato mi errores y culpas. ¡Como quisiera tener un poderoso detonante para hacerla pedazos!, he intentado con varios explosivos (antidepresivos, música, novio, trabajo) pero no he podido deshacerla
A pesar de lo lúgubre e inhóspito que parezca este lugar hay sitios en los que de vez en cuando se puede apreciar algunos pálidos y tímidos rayos del sol de la esperanza y las ganas de salir adelante. Ahí me tocó vivir, esa es mi humilde morada a la cual los estoy invitando a conocer através de este medio.
¿Porqué Favíbora?
Porque de mis dos nombres Fabiola es el que me gusta más. Mis familiares, vecinos y el 70% de las personas me deicen Faby. Mi primer nombre solo me lo dicen amigos de la escuela (y los maestros). ¿Y porqué víbora? (mmm...no creo que esto necesite explicación ¿o si?). Simplemente porque al igual que las víboras cambio frecuentemente de piel. ¿Y quién no iba a cambiar frecuentemente de piel viviendo en una cueva como la mía?. Los cambios climáticos a los que estoy expuesta en mi cueva me han hecho adaptarme a ella (Darwin tenía razón) y desarrollar como mecanismo de defensa el cambio de piel (aunque este no sea muy efectivo). Pero como no soy perfecta a veces la piel es muy sensible, otras veces es dura y fría y escamosa. Muy seguido la piel solo siente las agresiones y los malos momentos aunque debo admitir que esporádicamente me protege.
Y debo confesar que el crédito de Favíbora se lo debo a un amigo que estaba trabajando conmigo cuando estaba en Hitachi: Francisco (¿otro Francisco? que nombre tan chafa) Eusebio ( que nombre tan feo... por eso yo prefiero decirle Eusevíboro). Según él soy venenosa como una víbora (ja, ja creo que todos los que me conocen piensan esto).
Porque de mis dos nombres Fabiola es el que me gusta más. Mis familiares, vecinos y el 70% de las personas me deicen Faby. Mi primer nombre solo me lo dicen amigos de la escuela (y los maestros). ¿Y porqué víbora? (mmm...no creo que esto necesite explicación ¿o si?). Simplemente porque al igual que las víboras cambio frecuentemente de piel. ¿Y quién no iba a cambiar frecuentemente de piel viviendo en una cueva como la mía?. Los cambios climáticos a los que estoy expuesta en mi cueva me han hecho adaptarme a ella (Darwin tenía razón) y desarrollar como mecanismo de defensa el cambio de piel (aunque este no sea muy efectivo). Pero como no soy perfecta a veces la piel es muy sensible, otras veces es dura y fría y escamosa. Muy seguido la piel solo siente las agresiones y los malos momentos aunque debo admitir que esporádicamente me protege.
Y debo confesar que el crédito de Favíbora se lo debo a un amigo que estaba trabajando conmigo cuando estaba en Hitachi: Francisco (¿otro Francisco? que nombre tan chafa) Eusebio ( que nombre tan feo... por eso yo prefiero decirle Eusevíboro). Según él soy venenosa como una víbora (ja, ja creo que todos los que me conocen piensan esto).
Ahora ya saben el porqué de "La cueva de Favíbora". Ahora si mis queridos lectores ya pueden dormir como angelitos....




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