Desde que te conocí caí rendida a tus encantos a pesar de ser una niña pequeña. Quería tocarte, experimentar tu textura con mis manos pero siempre me lo prohibían (mi padre en especial). Esto aumentó mi curiosidad y atracción por ti. Todavía no entiendo como fue que soporté tanto tiempo este suplicio.
Los años pasaron; traté te olvidar la dulce melodía de tu voz y tu imágen, pero fue imposible. Ya en la adolescencia acepté dar rienda suelta a esos sentimientos a los que me incitaste desde la infancia. Así fue como un día, sola en casa y por lo tanto libre de los morbosos ojos del resto del mundo me puse a tus pies. Te alabé y me entregué a ti, recorrí tu cuerpo entero, olí y besé cada rincón tuyo. Quedé extasiada de locura al tocarte, no podía creer lo placentero que era acariciarte, sentirte entre mis manos, entre mis dedos, sentir todo el peso de tu cuerpo en el mío, tenerte en mi regazo. En pocas palabras te hice mía y yo fui tuya desde entonces. Me enamoré perdidamente de ti, de tu voz, de las curvas hermosamente enigmáticas de tu cintura, de la dureza de tu sexo ambiguo, andrógino, indefinido.
Los años han pasado, ya no soy una adolescente, me he convertido en una mujer y mi amor hacia ti crece cada día más. Juntas hemos compartido alegrías, penas, anhelos. Han sido tantas noches las que hemos dormido juntas, han sido tantos momentos íntimos y únicos. Y aunque tenga muchos años de conocerte cada vez que inicamos el rito sagrado me enseñas algo nuevo... Te amo, te amaré eternamente.
Y cuando muera quiero ser sepultada contigo, que acomoden mi cuerpo de manera tal que permanezcamos abrazadas: mi hermosa amiga, mi incondicional guitarra.
P.D.1. ¿No habrán creído que les estaba contando un de un amor lésbico?, ¿o si?.
P.D.2. Amo a mi guitarra, es un intrumento muy sensual. Y no; no soy fetichista ni lesbiana.
P.D.3. He regresado.
P.D.4. Pondré otra encuesta pero será al rato o a lo mejor en unos días. Así que por favor, si pueden contéstenla.
Los años pasaron; traté te olvidar la dulce melodía de tu voz y tu imágen, pero fue imposible. Ya en la adolescencia acepté dar rienda suelta a esos sentimientos a los que me incitaste desde la infancia. Así fue como un día, sola en casa y por lo tanto libre de los morbosos ojos del resto del mundo me puse a tus pies. Te alabé y me entregué a ti, recorrí tu cuerpo entero, olí y besé cada rincón tuyo. Quedé extasiada de locura al tocarte, no podía creer lo placentero que era acariciarte, sentirte entre mis manos, entre mis dedos, sentir todo el peso de tu cuerpo en el mío, tenerte en mi regazo. En pocas palabras te hice mía y yo fui tuya desde entonces. Me enamoré perdidamente de ti, de tu voz, de las curvas hermosamente enigmáticas de tu cintura, de la dureza de tu sexo ambiguo, andrógino, indefinido.
Los años han pasado, ya no soy una adolescente, me he convertido en una mujer y mi amor hacia ti crece cada día más. Juntas hemos compartido alegrías, penas, anhelos. Han sido tantas noches las que hemos dormido juntas, han sido tantos momentos íntimos y únicos. Y aunque tenga muchos años de conocerte cada vez que inicamos el rito sagrado me enseñas algo nuevo... Te amo, te amaré eternamente.
Y cuando muera quiero ser sepultada contigo, que acomoden mi cuerpo de manera tal que permanezcamos abrazadas: mi hermosa amiga, mi incondicional guitarra.
P.D.1. ¿No habrán creído que les estaba contando un de un amor lésbico?, ¿o si?.
P.D.2. Amo a mi guitarra, es un intrumento muy sensual. Y no; no soy fetichista ni lesbiana.
P.D.3. He regresado.
P.D.4. Pondré otra encuesta pero será al rato o a lo mejor en unos días. Así que por favor, si pueden contéstenla.



