Cierro los ojos; me dispongo a descansar y Morfeo te desentierra con sus brazos vigorosos de lo más profundo de mi subconsciente. Y por consecuencia remueve esa gran maraña de anhelos y sentimientos que he tratado de olvidar (más bien de esconder). De nuevo puedo ver tu magnífica presencia fisica y de entre todo tu ser me quedo estacionada en tus ojos, negros y grandes, los más hermosos y expresivos que he visto en toda mi vida, capaces de derretir los polos, la ventana por la cual tu cuerpo deja al descubierto tu escencia, tu generoso ser espiritual.
Me quedo paralizada, no puedo mover ningún músculo de mi cuerpo, parece que estuviera en estado vegetativo pero me doy cuenta de que no es así porque repentinamente mi corazón se agita, mis venas parecen reventar, las manos me sudan frío, mis pupilas se dilatan con el fuego ardiente de tu mirada, el ácido clorhídrico llena mi estómago provocándome esa sensación de vacío tan angustiante y cálida a la vez, mis glándulas suprarrenales excretan tanta adrenalina que mi cuerpo parece no contener emoción tan grande.
Parece que el piso debajo de mis pies se tambaleara dramáticamente, el mismo ambiente cambia pues no siento su presencia, bien puede estar lloviendo, nevando, o el sol quemándolo todo con su calor infernal pero yo no me inmuto de nada. Todas las demás personas también se desvanecen, se vuelven fríos e invisibles fantasmas junto a tí. Parece que todo el universo se redujo a tu persona y la mía.
Y aún sin que pronuncies todavía una sola palabra yo ya escucho desde mucho tiempo antes tu suave voz, de nuevo puedo oler el perfume natural de tu cuerpo y siento tu respiración en mi abdomen. Escucho los latidos de tu corazón y me fundo junto contigo en un abrazo tan dulce como la miel, tan puro como el pensamiento de un niño recién nacido. Y aunque solo hallan sido 40 o 50 minutos de abrazo (el abrazo más largo de mi vida) me quedo con un buen sabor de boca; no ocupé de un beso tuyo para recordarte, no necesite de la palabra oral o escrita para tenerte en mi mente, prescindí del sexo para que me marcaras de por vida, solo me bastó ese abrazo.
Un solo abrazo, y lo más probable es que sea el único. Un abrazo tan fuerte y estremecedor que me dejó esta gran fijación hacia tí.
Y con gran alegría me doy cuenta de que todavía vives en mí y estarás conmigo hasta en mi lecho de muerte, con gran alegría me doy cuenta de que lo que sentía por tí en el pasado no era culpa del licuado de hormanas que recorría mi cuerpo de 16 años. No, no ese sentimiento no fue superficial, es algo que todavía no comprendo a la perfección, en realidad es AMOR.
Me quedo paralizada, no puedo mover ningún músculo de mi cuerpo, parece que estuviera en estado vegetativo pero me doy cuenta de que no es así porque repentinamente mi corazón se agita, mis venas parecen reventar, las manos me sudan frío, mis pupilas se dilatan con el fuego ardiente de tu mirada, el ácido clorhídrico llena mi estómago provocándome esa sensación de vacío tan angustiante y cálida a la vez, mis glándulas suprarrenales excretan tanta adrenalina que mi cuerpo parece no contener emoción tan grande.
Parece que el piso debajo de mis pies se tambaleara dramáticamente, el mismo ambiente cambia pues no siento su presencia, bien puede estar lloviendo, nevando, o el sol quemándolo todo con su calor infernal pero yo no me inmuto de nada. Todas las demás personas también se desvanecen, se vuelven fríos e invisibles fantasmas junto a tí. Parece que todo el universo se redujo a tu persona y la mía.
Y aún sin que pronuncies todavía una sola palabra yo ya escucho desde mucho tiempo antes tu suave voz, de nuevo puedo oler el perfume natural de tu cuerpo y siento tu respiración en mi abdomen. Escucho los latidos de tu corazón y me fundo junto contigo en un abrazo tan dulce como la miel, tan puro como el pensamiento de un niño recién nacido. Y aunque solo hallan sido 40 o 50 minutos de abrazo (el abrazo más largo de mi vida) me quedo con un buen sabor de boca; no ocupé de un beso tuyo para recordarte, no necesite de la palabra oral o escrita para tenerte en mi mente, prescindí del sexo para que me marcaras de por vida, solo me bastó ese abrazo.
Un solo abrazo, y lo más probable es que sea el único. Un abrazo tan fuerte y estremecedor que me dejó esta gran fijación hacia tí.
Y con gran alegría me doy cuenta de que todavía vives en mí y estarás conmigo hasta en mi lecho de muerte, con gran alegría me doy cuenta de que lo que sentía por tí en el pasado no era culpa del licuado de hormanas que recorría mi cuerpo de 16 años. No, no ese sentimiento no fue superficial, es algo que todavía no comprendo a la perfección, en realidad es AMOR.
TODAVÍA TE AMO J.A.E.G.




