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martes, marzo 24, 2009

Bajo presión...

Tengo la angustia en el estómago todo el tiempo, la boca seca, la mandíbula rígida, sudor en las manos, dolor de cuello y espalda, insomnio y la piel erizada solo de pensar en el momento de la verdad. Por más que intento no puedo relajarme; estos días han sido los más críticos, los más angustiantes, quisiera poder adelantar el tiempo, ya quiero que termine esta semana...

lunes, marzo 16, 2009

Insomnio (Continuación de "ENVEJECIENDO")...


Son las 3:45 a.m., todo esta obscuro y lo único que interrumpe el silencio es el canto de un grillo, el aullido de un perro extraviado en la lejanía o la tos de alguien de la habitación de al lado. Ya lleva 40 minutos despierta, no puede definir a que hora se durmió, recuerda que la última vez que consultó al reloj éste le murmuró “es la 1:08 a.m. y todavía no te duermes, ya veremos como andas mañana”. Odiaba al reloj, ese diminuto pero útil invento era su único compañero por las noches que parecían interminables. De niña siempre le llamaron la atención los relojes especialmente grandes y con péndulo, le gustaba contemplar su balanceo de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda y así sucesivamente. Su vista e imaginación se perdían en la “paleta de oro” (así llamaba al péndulo en su más tierna infancia).

-¿A qué sabrá?... mmm… no lo sé. Aunque es posible que sea de chocolate. Si; debe ser de chocolate porque tiene envoltura dorada.- Y mientras ella fantaseaba con el chocolate, (que dicho sea de paso siempre ha sido su golosina favorita) el tiempo transcurría rápidamente sin que ella pudiera hacer algo por detenerlo. Aunque a esa edad ¿qué podía saber ella de la crueldad del tiempo?, ¿cómo podía comprender a los cuatro años la complejidad del término tiempo?. Solo sabía que los relojes lo medían y no comprendía porque no la dejaban manipularlos a su antojo pues anhelaba tocar sus manecillas, sentir su dureza, descubrir cuanto podían doblarse antes de romperse.


-¿Pueden quebrarse las manecillas?, ¿pican las manecillas?, ¿qué pasará si las giro al sentido contrario?, ¿qué pasará si las detengo con mis dedos?. .. Y los números ¿se pueden despegar?, ¿qué sabor tienen?, ¿para qué sirve la paleta si no te la puedes comer?, ¿porqué algunos relojes tienen paleta y otros no?... Todos los relojes deberían tener paleta.- Concluía en su inocencia infantil.


-Los relojes de péndulo son los más fastidiosos, me cansan mental y visualmente. Con su imparable balanceo me hacen sentir que el tiempo corre más a prisa de lo que corre en un reloj normal.- Pensaba llegada a la edad adulta.

Aún así; la silueta delgada y agraciada, la prominente altura, la claridad de sus números y la firmeza de sus manecillas que le dan al reloj de péndulo un aire aseñorado, tétrico y fantasmal le parecían extrañamente bellos a ella. Le traía a la mente la sutil elegancia de un hombre de unos cuarenta y cinco años, vestido con su mejor traje de gala, serio, misterioso, seguro de sí mismo, exitoso, inalcanzable para muchos. ¿ Sería más bien que esa imagen era en realidad el concepto que ella tenía del tiempo?. En su clase de física aprendió a definir el tiempo como “la duración de un evento”, pero esa era una mera definición de una de las ciencias exactas . El diccionario definía al tiempo como “Magnitud física que permite ordenar la secuencia de los sucesos, estableciendo un pasado, un presente y un futuro. Su unidad en el Sistema Internacional es el segundo”. Alguna vez en sus tiempos de ocio leyó sobre la teoría de la relatividad y la paradoja de los gemelos y ni la visión relativista de la duración de éste cambió su visión del tiempo. Este se erigía ante ella como un ente feroz que la quería devorar.


-Siempre sigue hacia adelante, no se detiene a reflexionar, continua decidido su carrera. Yo debería ser así.- Se decía frecuentemente.


Hizo a un lado su sábana, se incorporó hasta quedar sentada sobre su lecho y tomó agua de un baso que normalmente dejaba en una mesa cercana a su cama. Volvió a la cama decidida a dormir , se acostó en posición fetal sobre su lado derecho cuando su vista chocó con su chocante compañero noctívago. Estiro el brazo para alcanzarlo y antes de apagarlo le dijo:


-Soy consciente de que el tiempo no se detiene, sé cuanto lo he desaprovechado pero ya basta de recordármelo maldito reloj barato. Ya me harté de que todas las noches estemos juntos haciendo el balance de cada día: lo que hice o lo que dejé de hacer o peor aún es ponernos a hacer juntos el balance de mi vida, cosa que sucede muy a menudo. Así es que ya cállate y déjame dormir tranquila.-

Y luego procedió a apagar el artefacto y lo aventó al piso (como si con eso fuera a remediar borrar los efectos del tiempo perdido) provocando un leve y desfragmentador ruido. No se dignó a echar un vistazo al pobre reloj, quería olvidarse aunque sea por un tiempo breve (¡vaya paradoja!) del tiempo. El tiempo la abrumaba, tiempo por aquí, tiempo por allá, en todas partes la acechaba. Solo balbuceó mentalmente antes de dormir para ella misma:


-Creo que ya es tiempo de cambiar de medicamento, este somnífero cada vez es menos efectivo…

Y así calló dormida después de las cuatro de la madrugada, dirigiendo su último pensamiento consciente al tiempo...


P.D. Quiero poder dormir como la gente normal...

P.D.2. Había pensado subir un post titulado "Que alguien me diga como dormir" donde iba a describir mi problema de insomnio y al final me puse a escribir y escribir; y sin querer terminé por darle continuidad al escrito de envejeciendo en fin, cosas de la vida. Quien sabe y al final si termine haciendo un libro. Un libro aburrido pero al fin un libro mío y cumpliré con eso de que en la vida hay que hacer tres cosas: "escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo". A ver que sucede...

P.D.3.Ningún reloj resultó dañado en la realización de este post...

sábado, diciembre 13, 2008

Otra locura...

Si, una locura más. Sucede que desde niña me habían llamado la atención las artes marciales pero por causa de fuerza mayor (dinero principalmente) nunca tuve la oportunidad de practicar alguna. Ahora que ya estoy vieja y tengo el tiempo y el dinero decidí inscribirme en clases de tae kwon do. Después de estar investigando me decidí por el tae kwon do ya que me pareció menos "rudo" que el karate y mucho más estético, variado y espectacular que este (es mi humilde opinión, no quiere decir que sea la verdad absoluta).
El grupo con el que voy se conforma por tres hombres (cinta negra todos), un niño no tan niño (cinta amarilla) y otra mujer (cinta verde); así que ya me imaginarán vistiendo el dobok y haciendo el ridículo por ser la única cinta blanca del grupo. Además hay que tomar en cuenta que mi condición física es pésima (no hice nada de ejercicio en todo el 2007 y en nada en el 2008 hasta hace una semana) y si a esto le agregamos el problema de la columna combinado con mi constante apatía existencial todo parece predecir que no aguantaré mucho tiempo. Sin embargo estoy tratando de ser perseverante por mi propio bien. Por ejemplo, ayer fui a pesar de estar adolorida y traer la maldita rinitis fuerte y al finalizar me sentí rara. Quiero decir que se me hizo raro sentirme cansada pero al mismo tiempo relajada y satisfecha. Desde la primera clase me sentí adolorida de las piernas y un poco de los brazos, hoy solo amanecí adolorida de los brazos (¿ya es ganancia, no?). A ver en que termina esta locura, fantasía, utopía, disparate o como quieran llamarle. Seguiré informando aunque no le interese a nadie.
P.D. ¡Qué raro es haber escrito algo simple!. Con simple me refiero a que no estoy hablando de mis complicados paradigmas existenciales y mentales que normalmente dan por resultado escritos sombríos y nauseabundos.
P.D. 2. No puedo quitarme la costumbre de casi siempre escribir un postdata al final de cada escrito; por esta razón... ¿no sería mejor cambiar el nombre del blog por otro más apropiado como "EL BLOG DE LOS POSTDATAS"?. Mmmm... no lo sé acepto sugerencias.

lunes, noviembre 03, 2008

Envejeciendo...


Cerró la puerta desganadamente, por fin iba a tener un momento de privacidad, de solo estar con ella y no rodeada de los demás que últimamente la hacían sentir como si tuviera una piedrita en el zapato. Comenzó a despojarse de las prendas; una por una, lenta y torpemente talvez por el efecto del somnífero que hacía una hora había ingerido o por la apatía constante que vivía en ella desde hace muchos años pero que se había acentuado por su reciente fracaso laboral. Bostezó y tiro al piso su última prenda. Abrió la puerta del cancel y se introdujo en ese pequeño espacio que además de ser donde limpiaba esmeradamente su cuerpo también servía especialmente a ella como paño de lágrimas, lugar obligado de reflexión, de introspección, de toma de decisiones y esporádicamente de rudimentario salón de canto donde sus alaridos se escuchaban hasta la casa de al lado. Abrió tres cuartos el grifo de agua caliente y aproximadamente un quinto del grifo del agua fría. Siempre le agradó de sobremanera el agua caliente al asearse. Las pequeñas gotas comenzaron a salir disparadas como proyectiles impactándose en todo su cuerpo que apenas si alcanzaba el 1.61 m de estatura. Pronto todo el lugar se llenó de vapor.

-Ojalá que mi vida se esfumara tan pronto como este vapor.- Pensó y acto seguido cerró ambos grifos y comenzó por untar el shampoo en su delgado y lacio cabello castaño claro. No era muy largo, le llegaba al hombro; ese ha sido su estilo siempre ya que nunca ha querido las complicaciones propias del cabello largo en una mujer. Tampoco era muy abundante debido a la genética (según ella; por parte de su padre) y al acelerado ritmo de vida y presión de su reciente perdido empleo. En circunstancias en las que se veía sometida a un nivel alto de presión su cabello era el menos fuerte, decidía marcharse por su cuenta y terminar adornando su almohada, blusas, suéteres, peine, platos con comida recién preparada, libros, revistas, cajones de ropa, teclado de computadora, zapatos, al parecer para su cabello cualquier lugar era bueno menos una cabeza estresada, con migrañas constantes y con la sensación de estar a punto de reventar. Cuando terminó de masajear el cuero cabelludo se dió cuenta de que en su mano quedaron algunos cabellos.

-Tan débiles como yo, inútiles.- Dijo en voz alta. Luego comenzó a tallar su cuerpo empezando por los brazos, bajando a las manos pequeñas como las de una niña de entre 10 y 11 años. Prosiguió con su cara a la cual solo le pasaba el jabón en círculos, tratando de no pasar el jabón a los ojos cafés obscuros. Cada que lavaba la cara se topaba con una cicatriz redonda huella que la varicela dejó en ella durante la adolescencia y aún con el insignificante tamaño de un lunar de unos 0.5 cm de diámetro ella siempre la detestó. Paso el jabón por su frente y al rozar el ceño se dió cuenta de que estaba tenso como de costumbre.

-Ya no voy a arrugar esta parte de mi cara, me hace ver más vieja.- Y aunque así se decía siempre, tiempo después se descubría con ese gesto tan característico de ella. Parecía que era una expresión automática y omnipresente en su cara. Propia de su personalidad. Lo que más preocupaba a ella de su cara era una línea de expresión en su frente aparecida desde hace cuatro años. Siempre preguntaba a personas de su entera confianza una y otra vez por la "raya" (así le decía ella). Y aunque siempre escuchaba respuestas como "¿cuál raya?", "no se te nota", "solo se ve si te acercas demasiado", "no es nada exagerada" ella creía que los demás ocultaban la verdad, que a sus espaldas siempre comentaban que ya se veía más vieja, que la edad se le estaba viniendo encima y que con el pretexto de comentar sobre su cara avejentada (según ella) aprovechaban para empezar a criticar dura y despiadadamente su persona, su vida. Al terminar de lavar su cara talló sus suaves y blancos senos talla 34 B, estaba conforme con ellos.

-No son los más bonitos del mundo pero no estan despreciables, son una de las pocas partes decentes de mi cuerpo.- Se decía a menudo. Solo se avergonzó de tenerlos en la pubertad ya que empezaron a salir impetuosamente cuando tenía 10 años. Ella aborrecía que sus compañeritas se dieran cuenta de eso y la señalaran. A esa edad prefería usar playeras holgadas para disminuir la apariencia de su cuerpo pueril en desarrollo. Después talló el abdomen el cual a ella le parecía perder firmeza por la falta de ejercicio y por la reciente disminución en la producción de la hormona del crecimiento. Nunca fue llenita, redondita o cualquiera de esos eufemismos que normalmente se usan para describir a las personas con sobrepeso. No obstante, nunca le gustó mostrar el abdomen; sentía que no era digno de ser mostrado.

-Lo mostraré cuando tenga abdomen de lavadero, lo cual viendo mi tendencia a no hacer ejercicio parece que nunca pasará.- Decía cuando alguien le sugería mostrarlo con alguna prenda para que se viera más atractiva. Continuó el aseo con el tallado de piernas y pantorrillas las cuales siempre le desagradaron por ser muy claras y delgadas, especialmente delgadas en la parte de las pantorrillas. No sabía a que se debía eso si su deporte favorito era el futbol y aunque no tuvo nunca la oportunidad de jugar en un equipo por cuestiones culturales (¡¿cómo va a jugar una mujer un deporte de hombres?!) lo jugaba casi siempre y a menudo entre hombres siendo ella la única mujer. "Manflora", "desviada", "rarita", "marimacho", "lesbiana", decían seguido sus compañeras sobre todo en la secundaria pero a ella no le importaba; estaba segura de que le atraían sexualmente los hombres, en especial su profesor cuarentón de química. Cuando no querían los muchachos jugar con ella no le quedaba más remedio que practicar sola y se hizo experta en ese deporte, sentía que estaba a la altura o incluso por encima del nivel de cualquier jovencito de su edad. Con este contante ejercicio sus piernas debieron engrosarse más pero no fue así. Además alguna que otra vena se asomaba por la piel blanca y esto le repugnaba de sobremanera. Por eso tampoco le gustaba usar falda o vestido.

-No hay manera alguna de que enseñe las piernas, no tienen remedio, nunca usaré falda.-Y cumplió su promesa desde los 15 años. Lavó cuidadosa y profusamente los genitales los cuales no tenían nada de especial, odiaba el vello inútil que emanaba en esa región. No se explicaba cómo los hombres podían perder la cabeza por una vagina.

-Los genitales de una mujer son muy simples: clítoris, labios menores, labios mayores y la vagina que solo es un hoyo carnoso como la parte interior de las mejillas. En cambio los genitales de un hombre son más vistosos: un pene flácido que se pone erecto es vistoso y más interesante que un clítoris en el mismo estado que no cambia significativamente de tamaño. Además están los testículos que normalmente están a diferente altura cada uno. Eso si es interesante y llamativo aunque no es motivo suficiente para perder la cabeza por un hombre.- Pensaba.

Después talló la espalda y cuello para finalizar con los pequeños pies talla 23. Finalizada la rutina procedió a abrir de nuevo los grifos de agua. Rápidamente se lleno de vapor todo el lugar nuevamente pero esta vez parecía un improvisado sauna doméstico. Pasaron los minutos y aunque ya no quedaba más jabón por remover de todo su cuerpo, continuó bajo la lluvia de agua caliente con la vana esperanza de que al menos esto la relajara un poco.

-Dicen que el agua caliente es buen relajante muscular, espero que le sirva a mi cuello y a la contractura de la espalda.-Intuyó. Y es que el estrés a parte de ocasionarle la caída de cabello le había dejado como legado una tortícolis crónica y varias contracturas musculares.

-Parece que mi columna fuera la de una anciana de 85 años.- Se lamentaba frecuentemente. Bostezó de nuevo y después de oir el estruendo de su molesto padre tocando la puerta se dio cuenta de que ya era hora de abandonar el baño.

Tomó su toalla y seco perfectamente su cuerpo enrojecido por la temperatura del agua; al agacharse para tomar su ropa sintió que perdía el balance pero pudo finalmente detenerse en el portatoallas.

-La pastilla está haciendo efecto, creo que ahora si podré dormir.-

El insomnio era muy habitual en ella, le había hecho compañía desde la infancia. Comenzó a ponerse su ligera ropa de dormir: una playera larga, holgada y vieja, pantaletas blancas y un short corto el cual usaba sin ninguna preocupación porque estaba en su casa. Ahí se sentía libre para mostrar sus piernas. No se puso brasier, talvez era una conducta aprendida de su madre ya que esta no usaba ropa interior para dormir. Terminó por fin de vestirse.

-Bendita por siempre sea la ropa que cubre todas las imperfecciones de este cuerpo (y el de otras personas).- Pensó.

Limpió el espejo sudado por efectos del vapor y vió su cara en la que resaltaban las manchas típicas de las ojeras encarnadas en ella.

-La raya parece seguir igual y todavía no tengo patas de gallo, ni papada.- Se dijo a sí misma A un día de cumplir años (más de 20 y menos de 30) se sentía más vieja y decadente que nunca…

P.D. Quisiera nunca cumplir años (ya lo había mencionado antes), cada año que pasa es peor el sentimiento de envejecimiento. Por cierto; no todo lo que escribí es verdad, a ver si adivinan cuales partes son ciertas y cuales falsas.