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sábado, junio 19, 2010

Mi primera infidelidad...

Todo ocurrió muy rápida e inesperadamente, él era un hombre maduro de aproximadamente 50 años y con mucha experiencia. No lo conocía tan a fondo, razón por la cual me inspiraba cierta desconfianza. Nunca pregunté si era casado (aunque era lo más lógico) y sinceramente no quise saberlo; pasé por alto ese detalle a propósito. Lo que si sabía era que lo necesitaba para darle más variedad a mi vida. Él representaba para mí una experiencia nueva, algo desconocido, un soplo de frescura a mi rutinaria vida. Estaba enfrascada en la rutina; estaba cansada del mismo hombre de siempre.
Después de mucho pensarlo decidí aceptar su invitación y quedamos en vernos un viernes por la tarde en "su lugar especial" como él le decía . El conflicto que me trajo aceptar su invitación me quitó el sueño por días pero la curiosidad y el riesgo ante algo nuevo me emocionaron de una forma indescriptible.
Llegado el día; yo estaba nerviosa e insegura de lo que iba a hacer. Llovía a cántaros pero aún así yo llegué puntual a nuestra cita; empapada pero puntual. Toqué a su puerta y él me recibió con un fraternal apretón de manos; al verme mojoda me indicó el camino al baño para que yo pudiera quitarme el suéter y talvez acomodar mi estropeado cabello. Después de eso pasamos a una sala amueblada con sillones negros de piel muy cómodos. Había dos líneas de teléfono, un librero lleno de la más diversa literatura y un par de cuadros con toque surrealista colgaban de uno de los muros. Su presencia me intimidaba un poco; la diferencia de edades me cohibía aún más. Aún así, su suave voz me dió poco a poco la pauta para ir desprendiéndome del temor. Luego todo miedo se desvaneció, la charla se tornó realmente amena y deliciosa cuando súbitamente me dijo: "Bueno, entonces son $950" a lo que yo respondí con un "¡¡¡¿quééééé?!!!".

Así es mi querido y malpensado lector. El nuevo loquero al que visité me quería sacar un ojo de la cara el muy cabrón con su cuota V.I.P. Pero no sabe con quien se topó porque yo no vuelvo a verlo en mi mísera vida.
Luego de que vió mi cara de susto por la cuota me dijo:
ÉL: ¿Cómo andas económicamente?.
YO: Pues no muy bien.
ÉL: ¿Cuánto es lo máximo que puedes pagar?.
YO: $50.
Silencio incómodo (y yo riéndome por dentro).
YO: ¿Sabe qué?... Dejémonos de rodeos; no me pregunte cuánto es lo máximo que puedo pagar. Por más que yo le ruegue usted no aceptará que le pague $50 por sesión así que mejor dígame cuánto es lo mínimo que acepta por sesión.
ÉL: $500.
YO:Bien.
Y todavía me recetó un nuevo antidepresivo que tendré que combinar con la quetiapina. Pero pura madre que me lo tomaré. Yo iba con él para una segunda opinión y posible solución a mi insomnio y dependencia de la quetiapina. Ya no quiero meterme más porquerías al cuerpo (sin albur). Ahora como buena hija pródiga buscaré a mi antiguo loquero al cual no veo desde diciembre y mandaré al demonio a este viejo rata. Seré fiel a mi antiguo loquero. No sé si sirva de algo pero lo intentaré. Llevo poco más de un mes con una de mis recaídas y no puedo salir del hoyo (por eso ni había escrito, aunque no se preocupen no tiene nada que ver con el post anterior). Deseen suerte a esta pobre diabla.

P.D.1. No, no soy coda, tacaña o marra pero si voy cada semana a verlo me sacará en promedio $3800 al mes por solo 4 horas. Y yo no gano lo mismo que él como para darme el lujo de gastar esa cantidad de dinero por 4 horas de consulta al mes.

P.D.2. ¿En serio creyeron que les estaba contando una aventura sexual?... Ja, ja, ja... Eso es taaaaannnn improbable en mi vida...

P.D.3. ¿Me pasé con lo de los $50?... Me vale...

sábado, agosto 22, 2009

"Eso"...

-Ultimamente he recordado "eso" más de lo que yo desearía recordarlo. Creí que ya no me molestaría pero lleva tres semanas consecutivas acosándome...
-Asshh. No empieces. Habíamos acordado en no volver a tocar el tema por tu bien.
-Creo que no podré cumplir con ese pacto, lo siento. "Eso" es algo que debo encarar como persona adulta.
-Ya lo enfrentaste en su momento y en su momento decidimos nunca volver a mencionarlo y coincidimos en que sería algo que callarías por siempre.
-Si tan solo pudiera hablar de "eso" con alguien... Si tan solo pudiera hablarlo...
-Pero no lo hablarás con nadie... Con nadie... Te conozco muy bien...
-En realidad ya le conté "eso" a una persona que era de mi entera confianza. No me defraudó porque guardó bien el secreto (al menos eso creo); así que debo concluir que si ya hablé de "eso" con una persona podría hablarlo con otra...
-Buena deducción pero... ¿Sirvió de algo el revelarle "eso" a esa persona?... Yo lo dudo.
-No lo sé. En realidad cuando lo confesé no pude contener el llanto, muchas emociones se mezclaron: odio, rabia, vergüenza, dolor, tristeza... Al final sentí un poco de alivio...
-Si, pero fue un falso alivio. Es el alivio natural y fisiológico que cualquiera siente después del llanto profuso... Entiéndelo de una vez por todas: "eso" no se le dice a nadie... A nadie. Es algo muy fuerte. No creo que alguien pueda entenderlo. Manténlo ahí, sellado como todos estos años. Ahí estará bien, sin que nadie lo sepa.
- Es que ya no lo quiero conmigo.
-Si, pero gritarlo a los cuatro vientos no hará que desaparezca. Nunca desaparecerá, tienes que verlo como una parte de ti, de tu escencia. Tantos años discutiendo lo mismo... ¿Porqué no solo lo aceptas y ya?. Eso es lo que debes hacer. Aceptarlo, vivir con ello y callarlo.
-Pero ya no lo soportó.
-Lo sé, yo tampoco lo soporto pero mírame: no me dejo dominar por la emoción. Si siento que es inminente su llegada me desconecto del recuerdo y ya...
-Odio los secretos. En especial este.
-Todo mundo tiene secretos ¿porqué no habrías de tenerlos tú?. Además sé sincera... No odias al secreto en sí, ni odias "eso" en sí, te odias a ti. Te odias por ese evento del pasado, te odias porque no puedes cambiar "eso" que ya sucedió. ¿No será que estas buscando en "eso" algún pretexto para justificar tus defectos o tu actitud?.
-No sé, no sé, no sé. No tengo las respuestas y lo que me sobran son preguntas.
Ja, ja, ja!... Ya dime algo que sea novedad.
-No te burles... En serio estoy mal. No hay razón para reir.
-Es que me risa ver que siempre regreses a lo mismo: a "eso" y a tu desmesurado odio a tu persona. Me risa ver lo idiota que eres ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja...
-Ya no te rías por favor, tu risa me lastima.
-Ja, ja, ja, ja, ja, ja.
-¡Basta!...
-Esta bien, ya no me burlaré de ti. Me largo pues veo que eres un caso imposible.
-Si lárgate y déjame sola con "eso".
-Claro quédate sola, con tu estúpido "eso". A ver quien te aguanta.
-Si, mejor sola que mal acompañada...

P.D. No, no estaba muerta ni andaba de parranda, simplemente estoy en una de mis recaídas en las que pierdo objetividad (además de otras cosas que no viene al caso mencionar). Y si: ya hice las pases con el loquero así que después de casi tres meses sin consulta regresaré como araña fumigada para que el antes mencionado al verme reafirme que "la estupidez humana no tiene límites". Aunque sin muchas esperanzas porque en mi muy particular punto de vista no tengo remedio pero "no hay peor lucha que la que no se hace".

P.D.2. Se me olvidaba decir que la encuesta de esta mes tiene que ver con "eso"... Así que si ya estan perdiendo el tiempo por aquí pues anímense y participen en la encuesta, con un click que dén de más "no pasa nada".

P.D.3. Como que ya fueron muchos dichos por hoy, ¿no?...

jueves, mayo 07, 2009

Condena...

Condenada a vagar eternamente por el camino de la melancolía, a vivir solo de los recuerdos, a tropezarme con los errores de siempre. Encadenada a la soledad, a la humedad de las lárgimas reprimidas y llena de nudos en la garganta. Mi culpa he de expiar mientras estoy en este mundo, los tormentos serán siempre en alma, más dolorosos que los carnales. Siempre viendo la tormenta sin contemplar la calma subsecuente, con el temor y dudas sobre mis espaldas y la ansiedad por compañera.
Condenada a ser Nagana, desde el inicio hasta el final.

P.D. Por si se lo preguntaron: si, si voy al psiquiatra pero estoy profundamente dañada...
P.D.2. De nuevo ya me dieron ganas de cambiarle de nombre al blog por otro más apropiado. Acepto sugerencias...

lunes, abril 20, 2009

Resaca (Continuación de "El maniquí")...


Los rayos del sol se cuelan por la cortina de lino y acarician su pálida y trasnochada cara, atinan dar a los ojos con las manchas obscuras encarnadas y delatadoras del exceso de la noche anterior. Ella despega con tímido esfuerzo los párpados y al instante una sensación de mareo le impide incorporarse. Jala su sábana (que en ese momento solo cubría sus piernas) para tapar su cara del sol pero es en vano, ya no podrá conciliar el sueño. Su boca esta seca y amarga, la sed hace acto de presencia. Recuerda, entonces a su inseparable amigo el vaso con agua en la mesa que hay justo al lado de su cama. Estira con exceso de pereza su mano para alcanzar el preciado líquido, remueve la sábana de su cara, no se incorpora del todo, solo lo suficiente para evitar derramar el agua. Sus movimientos son lentos y torpes, la mano tambalea, vacila un poco en alcanzar el extremo de la mesa y no lo alcanza. El recipiente vacío choca contra el piso pero no se quebra porque su golpe es amortiguado por la ropa que ella dejó en el piso hace algunas horas, no es toda: solo un suéter, la blusa blanca entallada de algodón y el sostén; no tuvo la fuerza suficiente para cambiarse de ropa solo se desnudó parcialmente y calló ciega y pesadamente a su cama.
La ausencia de ruido la hizo voltear al piso donde descubrió la ropa y su mirada se quedó fija en la blusa y entonces recordó a el amigo a quien más confianza tenía.
-Te ves muy bien en esa blusa, tus dotes femeninos se hacen más que evidentes. Hasta me puedo dar cuenta del momento en el que tienes frío.- Le había dicho su amigo (haciendo alusión a la erección de los pezones) la noche anterior mientras tomaban algunas copas con pretexto de celebrar el cumpleaños de ella.
-Tú siempre tan dulce y romántico.- Contesto ella sarcásticamente.
Y es que la confianza entre ellos era tal que ella le permitía a él decirle todo tipo de halagos y piropos, desde los más refinados (que eran pocos y contados) hasta los más vulgares (que eran más comunes y numerosos que los refinados). Todas estas veneranzas eran comunes en todas sus reuniones; desde hacía un par de años cuando le había confesado estar enamorado de ella desde que la conoció en la universidad cuando ambos iban a la mitad de sus planes de estudios (ella de licenciatura y él de maestría). No había charla (incluso telefónica), correo electrónico, mensaje por teléfono móvil o reunión el la que él dejara de recordarle como la deseaba.
-Te deseo más que a nadie... Si pudiera hacerte mía...
Así de directo, sin más rodeos, con esas palabras y con otras menos sofisticadas le recordaba que ella era el objeto de su deseo carnal. Ella nunca se sintió incómoda u ofendida por las palabras soeces de su eterno admirador. De hecho, era lo que más valoraba de él: su sinceridad, una sinceridad que frecuentemente caía en el cinismo o el descaro por parte de él pero muy apreciada por ella. Era una relación un tanto extraña, duradera y honesta pero a fin de cuentas extraña: él enamorado de ella, deseándola sexualmente y ella lo veía solo como su hermano mayor, y su confidente.
-Si alguna vez asesinara a alguien; al único al que acudiría por ayuda sería a ti, porque sé que nunca me fallarás.- Le decía ella constantemente a él.
"Al único al que acudiría por ayuda sería a ti". "Después de lo de ayer... ¿será todavía cierto esto?" se preguntaba ella ahora, enredada en la sábana y con sed exponencial. Recordó ahora la jarra de agua en su mesa, no siempre la acompañaba pero esta vez olvidó sacarla de su recámara desde hacia dos noches. No le importó ver algo de polvo propio de una habitación flotando en la superficie del agua, simplemente la ingirió con avidez, ya sentada a la orilla izquierda de su cama.
"Que cumpleaños más extraño" pensó. "Solo espero no haber echado a perder la mejor relación de amistad que he tenido"... "¿Cómo pude?, ¿cómo pude?, ¿cómo pude?, ¿qué pensará ahora de mí?" ... Se llevó las manos a la cara y la frotó violentamente...
Al recordar su parcial desnudez, tomó del piso el sostén y recordó como la noche anterior las manos de su amigo se habían posado sobre sus pechos. Ella estaba dominada por el alcohol y él por el deseo. No lograba recordar bien hasta ahora como había llegado a esa situación. Recordaba haber salido del bar con su amigo del brazo porque casi no podía mantenerse en pie. Mientras caminaban buscando el auto de él, se detuvieron en una calle obscura y solitaria... porque... porque...
"¿Porqué?, ¿porqué?, ¿porqué?. Tienes que recordar porque nos detuvimos en esa acera" pensaba sentada en su cama.
"¡¡¡Aaaaahhhh!!!, ¡tenía que vomitar!, ¡por eso nos detuvimos en esa calle!".
En efecto, con la desfachatez que caracterizaba a ambos le dijo que tenía que vomitar así que llegaron a una calle obscura, eran las tres de la madrugada por lo que no había ningún testigo en la calle. Ella vació todo el contenido de su estómago junto a un árbol, luego tomó agua de una botella que él le ofreció. Después de toser y de un silencio incómodo el alcohol sacó desde el fondo de su alma todas sus penas y frustraciones y empezó a quejarse de su vida y a menospreciarse frente a su amigo. Después de las quejas llegaron los lamentos que parecían desembocar en sus ojos para escurrirse y perderse en sus suaves mejillas. Él trataba de controlarla pero ella estaba, al parecer, fuera de todo control al igual que él, que veía en esta ocasión una oportunidad de oro que ningún otro hombre podía desaprovechar porque... ¿qué mejor momento para tener un encuentro sexual con ella?... La tenía alcoholizada, frágil y deprimida. No la desaprovecharía así que después de intentar consolarla con palabras y al ver que estas no surtían ningún efecto la besó. Y ella le correspondió, aunque algo le impedía besarlo como ella acostumbraba besar a un hombre, talvez era el influjo del alcohol, o posiblemente era que no quería perder a su mejor amigo con un acostón pues era en lo que parecía iba a terminar la situación si no se detenían... La cuestión es que se sorprendió correspondiendo el beso de él varias ocasiones y luego lo sorprendió a él con las manos en sus senos.
-"¿Qué motel esta por estos rumbos?, ¿traigo preservativos?. No, no traigo pero en el motel los compro".- Pensaba él.
Ella se separó y no aceptó la caricia pero de manera desganada, a él se le salía el corazón del pecho y seguramente el falo de sus húmedas bragas. Era su oportunidad, era hoy o nunca... Y cuando nuevamente intento acariciar sus senos ella solo alcanzó a balbucear un acongojado "lo siento" se apartó de él y se abrazó ahora del árbol para volver a vomitar. Al contemplarla ahí, abrazada del árbol, desconsolada y sola, él sintió remordimiento por lo que había tratado de hacer. Y aunque el deseo lo asfixiaba por dentro, logró controlarse y le ayudó a llegar a su auto para luego dejarla en su casa cerca de las cuatro de la mañana.
Ahora ella se encontraba en su recámara semidesnuda, recordando con culpa lo ocurrido la noche anterior entre nauseas y jaquecas. Pero eso no era lo más doloroso. Lo verdaderamente lacerante era la sola incertidumbre de perder a su fiel amigo. Porque para una discapacitada social como ella, lo más difícil era volver a encontrar a una persona tan natural y auténtica en una sociedad tan llena de apariencias...

P.D. Dedicado a mi mejor amigo...

P.D.2. Este es el último escrito que pongo de esta historia. La continuaré pero ya no publicaré nada aquí (ya pueden descansar de esta cadena de marihuanadas sin sentido ja, ja, ja)...

domingo, marzo 29, 2009

El maniquí (Continuación de insomnio)...


El sol se resiste a ocultarse; sus últimos rayos lánguidos acarician las cúspides de los macizos edificios de concreto. El ocaso hace acto de presencia. Entonces; ya se divisan por el cielo bandadas de aves, diferentes unas de otras pero todas con un punto de reunión común: los árboles. Ella camina por una de esas avenidas con cuatro obsoletos e insuficientes carriles por los cuales se desbordan incontables automoviles conducidos por todo tipo de gente (que al igual que las aves tratan de regresar a su hogar), lo cual ocasiona ese caos vial típico de las horas pico, acompañado de sus respectivos ruidos estridentes (el rechinar de llantas, los gritos de algún conductor desesperado y uno que otro claxon).
La acera por la que deambula es bastante ancha, la componen en su totalidad establecimientos de servicios de todo tipo: comida rápida, papelería, artículos chinos ilegales, una librería pero principalmente tiendas de ropa. En especial ropa para dama, y aunque iba con la vista hacia el suelo (lo habitual en ella), sin querer su mirada se encontró frente a un maniquí esbelto, elegantemente vestido con un traje sastre, erguido altivamente y con soberbia mirada de seguridad. Esa falsa mirada de seguridad llamó su atención.
-"Cada vez parecen más humanos".-Pensó mientras contemplaba el rostro del modelo.
-¿Le gusta?, parece ser de su talla. Puede preguntar y pedir información sin compromiso.- Preguntó una ávida vendedora al observar a una cliente potencial.
-Ejem... si, esta muy bonito pero por el momento solo estoy comparando precios.-Mintió.
-Aunque no compre nada puede medirselo sin compromiso. A usted en especial le vendría muy bien el modelo. Se diseñó pensando especialemente en las necesidades de imagen de las mujeres jóvenes, competitivas y con deseos de éxito. Así como usted. Los hombres no quitarán la vista de su persona.- Insistió la vendedora de aparentemente unos 35 años.
"¿Yo una mujer competitiva y exitosa?.Como se nota la desesperación por vender de esta pobre mujer".- Pensó.
-Mmm... ¿En serio creé que se me vería bien?.- Preguntó fingiendo interés en hacer la compra.
-Claro que si. El traje de exhibición combina muy bien con su tono de piel.- Contestó la vendedora.
-Esta bien, muéstreme uno para medírmelo.
-Entonces pase por favor. Ahora mismo voy por uno de la misma talla que el de exhibición, estoy segura que le quedará a la perfección.- Dijo la vendedora mientras caminaba apresuradamente al interior de la prestigiada boutique.
-¿Puedo sentarme aquí mientras la espero?.- Respondió señalando una silla.
-Por supuesto, no tardaré mucho.- Dijo la vendedora entusiasmada creyendo inocentemente que por fin iba a vender ese traje tan costoso después de estar una semana en exhibición. Lo que no sabía la mujer es que su posible cliente acostumbraba fingir interés cuando estaba frente a vendedores muy persistentes. Su estrategia consistía en aparentar descubrir algún atributo a la prenda o el artículo en venta gracias al vendedor persistente, luego entraba a la tienda se medía la prenda o examinaba minuciosamente el artículo en cuestión, preguntaba el precio de contado y el tipo de tarjetas de crédito que aceptaban. Había ocasiones en las que luego preguntaba por artículos diferentes a los que le habían ofrecido al principio. Después de cierto tiempo (variaba dependiendo de su estado de ánimo) solía decirles a los vendedores que no traía dindero en efectivo, o que no tenía la tarjeta de crédito y se disculpaba prometiendo regresar al siguiente día para realizar la compra.
"Eso es para que aprendan a respetar la decisión de las personas. Si dices "no" significa "no". Pensaba luego de observar la mirada de frustración (en ocasiones de ira) de los vendedores engañados.
Y ahí se sentó con las piernas cruzadas hacia atrás esperando a su nueva vendedora "víctima". Observó a su alrededor. La tienda era amplia, alfombrada, exhibía ropa de los más diversos estilos. Las vendedoras vestían elegantemente así como la mayoría de los clientes.
"Es realmente curioso lo que un trozo de tela puede hacer creer a los demás. ¡Ja!, mujer jóven, competitiva, exitosa y hasta atractiva al género masculino." Pensó mientras a lo lejos vió su "víctima" con el traje en mano.
No gustaba mucho de visitar ese tipo de tiendas de artículos costosos, de hecho a veces le era insoportable estar ahí escuchando las quejas vacías así como el tono y timbre de voz de las típicas mujeres de con alto poder adquisitivo que acostumbraban visitar ese tipo de lugares. Más molesto era aún, el ver como las vendedoras (en especial de ese tipo de tiendas) trataban hipócritamente a las clientes débiles que, en busca de aceptación social, compraban todo para así tratar de saciar su vacío existencial.
-Aquí está el traje. Pase por favor al vestidor.-Dijo la vendedora señalando el camino.
-Gracias.
Después de unos minutos salió del vestidor para ver la imágen que el espejo le devolvía. La vendedora esperaba a un lado del espejo convencida de que el traje se iba a vender.
-Se lo dije. Era su talla. Le queda muy bien.
-Si, ¿verdad?.
-Claro, una mujer joven vestida así siempre llamará la atención de hombres y mujeres, especialmente de hombres. Proyecta usted una imagen estupenda.- Dijo la vendedora.
"Una imagen, eso es la sociedad actual, solo una imagen. Todos quieren aparentar ser algo que no son. ." Pensaba frecuentemente.
-¿Me veo casi tan bien como el maniquí?- Preguntó.
-Se ve mejor que el maniquí porque para empezar usted es humana. No es un maniquí.- Dijo la vendedora.
"Soy humana ¿y qué tiene eso de especial?. El humano es tan estúpidamente orgulloso como para sentirse superior a los demás animales. Y no conforme con sentirse superior a los animales todavía lucha con otros de su misma especie en busca de superioridad". Pensó en ese momento.
-Tiene razón.- Se limitó a constestar tímidamente.
-Tenemos modelos similares a este puedo mostrarle algunos.
-No, gracias este en especial me agradó. De hecho creo que me lo llevaré.
-Que bien porque esta semana tenemos promoción del 10% de descuento en ropa de esta marca tan prestigiada.
"Prestigio, todos lo quieren pero casi nadie lo tiene". Pensó.
-Muy bien, entonces proceda a empaquetarlo.
-Ahora mismo, no tardo- La vendedora de nuevo caminaba a pasos agigantados hacia la caja.
Ella en cambio regresó a contemplar al maniquí inmóvil que representaba la imagen exitosa que cualquier mujer anhela proyectar.
"Y pensar que puedo aparentar lo mismo que el maniquí".- Pensó.
Minutos después la "víctima" regresaba con la cara radiante y mostrando más amabilidad que anteriormente al sentir que el trato se cerraba irremediablemente a su favor.
-Ya puede pasar a caja a realizar el pago.- Dijo la vendedora señalando el lugar.
-Ah, si. Me apena mucho decirle que olvidé mi tarjeta de crédito y no traigo suficiente efectivo como para pagar el traje. Lo siento. Pero mañana mismo paso por el traje. Apártemelo por favor.- Contestó con su tan familiar pseudodisculpa.
-Si señorita. Mañana la esperamos aquí.- Esta vez el tono de la voz de la vendedora se había apagado así como el brillo momentáneo que su rostro tenía hacía unos instantes.
-Muchas gracias, tenga por seguro que volveré.
-Fue un placer atenderla.- Dijo la vendedora visiblemente frustrada.
Y acto seguido salió de la tienda no sin antes ver por última vez aquél maniquí distante, frío, autosuficiente y rozagante.
"Tengo que corregirme. No es que parezcan más humanos, el humano cada vez se parece más a un maniquí".
Y continuó su camino por la solitaria acera, con gente caminando en todas direcciones...

P.D. Creo que me dió verborrea.

viernes, diciembre 05, 2008

El reflejo...


Maldita, estúpida, imbécil. Estoy harta de ti, de tu cara ojerosa e inexpresiva. Tú siempre indiferente, rara vez sonríes, te ves amargada y apática. ¿Acaso no te has dado cuenta de que lastimas a los que te aman con tu estúpida y enfermiza melancolía?. Te quejas de tu situación, reniegas de tu existencia, de tus defectos, de tu pasado, de tus errores y no encuentras la salida. Frecuentemente desearías estar muerta (y no lo estas solo por tu irracional miedo al dolor) y siendo sinceros te lo mereces. Eres infinitamente despreciable; ojala pudiera darte una paliza como nunca te han dado una en tu vida.
Una paliza tan cruel y despiadada que quedes tendida en el piso retorciéndote como gusano por el dolor tan intenso, con la cara hinchada, amoratada, desfigurada y con sangre emanando a ríos por tu boca y nariz. Si, ahí estarás tú, sintiendo que a cada aliento que tomas vanamente para tratar de sobrevivir el pecho te lo reclamará por las costillas rotas. No podrás más que estar encorvada por los golpes recibidos en el abdomen que seguramente te causarán alguna hemorragia interna o la entallamiento de tus vísceras. Tratarás inútilmente de ponerte en pie pero no podrás más que arrastrarte (si acaso puedes) como una víbora moribunda pues tendrás los miembros inferiores fracturados.
¡Como añoro ser testigo de tu nauseabunda agonía!, ¡como deseo ver tu expresión (si acaso tu cara deforme todavía es capaz de mostrar alguna expresión) de fracaso, de frustración y arrepentimiento por saber que estas a punto de morir y no lograste hacer nada trascendente en tu vida!. ¡Ah!, se me olvidaba; si has hecho algo trascendente: lastimar a tu noble madre, preocuparla y provocarle el llanto por escuchar tus disparates existenciales y tus deseos de muerte.
Eres una idiota y tienes razón cuando dices que estarías mejor muerta; imagínate, podrían donar tus órganos a personas que tienen sed de vivir y al menos habrías hecho alguna obre de caridad en tu vida. Si, mi patética enemiga ahí estaré yo brindándote el reflejo de tu agonía como lo he hecho desde hace tantos años. Mejor dicho estaré dándote el último reflejo.
¡Ya despierta!. Levántate antes de que sea demasiado tarde. Aunque conociéndote, para ti ya es demasiado tarde.

Sincera y atentamente tu fiel enemigo: el espejo.

P.D. Una disculpa por el lenguaje tan vulgar y soez producto de mi ira. No tengo la preparación suficiente para crear un escrito decente; eso está fuera de mis posibilidades.

lunes, noviembre 03, 2008

Envejeciendo...


Cerró la puerta desganadamente, por fin iba a tener un momento de privacidad, de solo estar con ella y no rodeada de los demás que últimamente la hacían sentir como si tuviera una piedrita en el zapato. Comenzó a despojarse de las prendas; una por una, lenta y torpemente talvez por el efecto del somnífero que hacía una hora había ingerido o por la apatía constante que vivía en ella desde hace muchos años pero que se había acentuado por su reciente fracaso laboral. Bostezó y tiro al piso su última prenda. Abrió la puerta del cancel y se introdujo en ese pequeño espacio que además de ser donde limpiaba esmeradamente su cuerpo también servía especialmente a ella como paño de lágrimas, lugar obligado de reflexión, de introspección, de toma de decisiones y esporádicamente de rudimentario salón de canto donde sus alaridos se escuchaban hasta la casa de al lado. Abrió tres cuartos el grifo de agua caliente y aproximadamente un quinto del grifo del agua fría. Siempre le agradó de sobremanera el agua caliente al asearse. Las pequeñas gotas comenzaron a salir disparadas como proyectiles impactándose en todo su cuerpo que apenas si alcanzaba el 1.61 m de estatura. Pronto todo el lugar se llenó de vapor.

-Ojalá que mi vida se esfumara tan pronto como este vapor.- Pensó y acto seguido cerró ambos grifos y comenzó por untar el shampoo en su delgado y lacio cabello castaño claro. No era muy largo, le llegaba al hombro; ese ha sido su estilo siempre ya que nunca ha querido las complicaciones propias del cabello largo en una mujer. Tampoco era muy abundante debido a la genética (según ella; por parte de su padre) y al acelerado ritmo de vida y presión de su reciente perdido empleo. En circunstancias en las que se veía sometida a un nivel alto de presión su cabello era el menos fuerte, decidía marcharse por su cuenta y terminar adornando su almohada, blusas, suéteres, peine, platos con comida recién preparada, libros, revistas, cajones de ropa, teclado de computadora, zapatos, al parecer para su cabello cualquier lugar era bueno menos una cabeza estresada, con migrañas constantes y con la sensación de estar a punto de reventar. Cuando terminó de masajear el cuero cabelludo se dió cuenta de que en su mano quedaron algunos cabellos.

-Tan débiles como yo, inútiles.- Dijo en voz alta. Luego comenzó a tallar su cuerpo empezando por los brazos, bajando a las manos pequeñas como las de una niña de entre 10 y 11 años. Prosiguió con su cara a la cual solo le pasaba el jabón en círculos, tratando de no pasar el jabón a los ojos cafés obscuros. Cada que lavaba la cara se topaba con una cicatriz redonda huella que la varicela dejó en ella durante la adolescencia y aún con el insignificante tamaño de un lunar de unos 0.5 cm de diámetro ella siempre la detestó. Paso el jabón por su frente y al rozar el ceño se dió cuenta de que estaba tenso como de costumbre.

-Ya no voy a arrugar esta parte de mi cara, me hace ver más vieja.- Y aunque así se decía siempre, tiempo después se descubría con ese gesto tan característico de ella. Parecía que era una expresión automática y omnipresente en su cara. Propia de su personalidad. Lo que más preocupaba a ella de su cara era una línea de expresión en su frente aparecida desde hace cuatro años. Siempre preguntaba a personas de su entera confianza una y otra vez por la "raya" (así le decía ella). Y aunque siempre escuchaba respuestas como "¿cuál raya?", "no se te nota", "solo se ve si te acercas demasiado", "no es nada exagerada" ella creía que los demás ocultaban la verdad, que a sus espaldas siempre comentaban que ya se veía más vieja, que la edad se le estaba viniendo encima y que con el pretexto de comentar sobre su cara avejentada (según ella) aprovechaban para empezar a criticar dura y despiadadamente su persona, su vida. Al terminar de lavar su cara talló sus suaves y blancos senos talla 34 B, estaba conforme con ellos.

-No son los más bonitos del mundo pero no estan despreciables, son una de las pocas partes decentes de mi cuerpo.- Se decía a menudo. Solo se avergonzó de tenerlos en la pubertad ya que empezaron a salir impetuosamente cuando tenía 10 años. Ella aborrecía que sus compañeritas se dieran cuenta de eso y la señalaran. A esa edad prefería usar playeras holgadas para disminuir la apariencia de su cuerpo pueril en desarrollo. Después talló el abdomen el cual a ella le parecía perder firmeza por la falta de ejercicio y por la reciente disminución en la producción de la hormona del crecimiento. Nunca fue llenita, redondita o cualquiera de esos eufemismos que normalmente se usan para describir a las personas con sobrepeso. No obstante, nunca le gustó mostrar el abdomen; sentía que no era digno de ser mostrado.

-Lo mostraré cuando tenga abdomen de lavadero, lo cual viendo mi tendencia a no hacer ejercicio parece que nunca pasará.- Decía cuando alguien le sugería mostrarlo con alguna prenda para que se viera más atractiva. Continuó el aseo con el tallado de piernas y pantorrillas las cuales siempre le desagradaron por ser muy claras y delgadas, especialmente delgadas en la parte de las pantorrillas. No sabía a que se debía eso si su deporte favorito era el futbol y aunque no tuvo nunca la oportunidad de jugar en un equipo por cuestiones culturales (¡¿cómo va a jugar una mujer un deporte de hombres?!) lo jugaba casi siempre y a menudo entre hombres siendo ella la única mujer. "Manflora", "desviada", "rarita", "marimacho", "lesbiana", decían seguido sus compañeras sobre todo en la secundaria pero a ella no le importaba; estaba segura de que le atraían sexualmente los hombres, en especial su profesor cuarentón de química. Cuando no querían los muchachos jugar con ella no le quedaba más remedio que practicar sola y se hizo experta en ese deporte, sentía que estaba a la altura o incluso por encima del nivel de cualquier jovencito de su edad. Con este contante ejercicio sus piernas debieron engrosarse más pero no fue así. Además alguna que otra vena se asomaba por la piel blanca y esto le repugnaba de sobremanera. Por eso tampoco le gustaba usar falda o vestido.

-No hay manera alguna de que enseñe las piernas, no tienen remedio, nunca usaré falda.-Y cumplió su promesa desde los 15 años. Lavó cuidadosa y profusamente los genitales los cuales no tenían nada de especial, odiaba el vello inútil que emanaba en esa región. No se explicaba cómo los hombres podían perder la cabeza por una vagina.

-Los genitales de una mujer son muy simples: clítoris, labios menores, labios mayores y la vagina que solo es un hoyo carnoso como la parte interior de las mejillas. En cambio los genitales de un hombre son más vistosos: un pene flácido que se pone erecto es vistoso y más interesante que un clítoris en el mismo estado que no cambia significativamente de tamaño. Además están los testículos que normalmente están a diferente altura cada uno. Eso si es interesante y llamativo aunque no es motivo suficiente para perder la cabeza por un hombre.- Pensaba.

Después talló la espalda y cuello para finalizar con los pequeños pies talla 23. Finalizada la rutina procedió a abrir de nuevo los grifos de agua. Rápidamente se lleno de vapor todo el lugar nuevamente pero esta vez parecía un improvisado sauna doméstico. Pasaron los minutos y aunque ya no quedaba más jabón por remover de todo su cuerpo, continuó bajo la lluvia de agua caliente con la vana esperanza de que al menos esto la relajara un poco.

-Dicen que el agua caliente es buen relajante muscular, espero que le sirva a mi cuello y a la contractura de la espalda.-Intuyó. Y es que el estrés a parte de ocasionarle la caída de cabello le había dejado como legado una tortícolis crónica y varias contracturas musculares.

-Parece que mi columna fuera la de una anciana de 85 años.- Se lamentaba frecuentemente. Bostezó de nuevo y después de oir el estruendo de su molesto padre tocando la puerta se dio cuenta de que ya era hora de abandonar el baño.

Tomó su toalla y seco perfectamente su cuerpo enrojecido por la temperatura del agua; al agacharse para tomar su ropa sintió que perdía el balance pero pudo finalmente detenerse en el portatoallas.

-La pastilla está haciendo efecto, creo que ahora si podré dormir.-

El insomnio era muy habitual en ella, le había hecho compañía desde la infancia. Comenzó a ponerse su ligera ropa de dormir: una playera larga, holgada y vieja, pantaletas blancas y un short corto el cual usaba sin ninguna preocupación porque estaba en su casa. Ahí se sentía libre para mostrar sus piernas. No se puso brasier, talvez era una conducta aprendida de su madre ya que esta no usaba ropa interior para dormir. Terminó por fin de vestirse.

-Bendita por siempre sea la ropa que cubre todas las imperfecciones de este cuerpo (y el de otras personas).- Pensó.

Limpió el espejo sudado por efectos del vapor y vió su cara en la que resaltaban las manchas típicas de las ojeras encarnadas en ella.

-La raya parece seguir igual y todavía no tengo patas de gallo, ni papada.- Se dijo a sí misma A un día de cumplir años (más de 20 y menos de 30) se sentía más vieja y decadente que nunca…

P.D. Quisiera nunca cumplir años (ya lo había mencionado antes), cada año que pasa es peor el sentimiento de envejecimiento. Por cierto; no todo lo que escribí es verdad, a ver si adivinan cuales partes son ciertas y cuales falsas.

miércoles, octubre 15, 2008

¿A dónde voy?

Necesito un camino por el cual andar. No sé cuál puede ser, son muchos y son nada; son nada porque se enredan y no estoy segura a donde me conducirán. Mientras sigo de pie esperando indecisa a decidirme. Aunque sea rebundante lo dije bien: indecisa a decidirme. Lo analizo todo y llego a nada. Ya intenté todo pero no lo suficiente, ¿qué más me falta?, no lo sé. Maldita incertidumbre. Me descubro de nuevo en pie frente a los incontables caminos posibles, de futuros posibles, de vidas posibles. Posible, posible, posible, posible y nada más que posible. No hay nada seguro. Yo quiero algo seguro, estoy harta de las posibilidades pero sigo ahí parada e indecisa preguntandome. La desesperación se adueña de mí. No quiero seguir así, solo de pie e indecisa. ¡Ya sé! voy a tomar este camino; aunque el de allá se ve mejor. Otra vez estoy igual.
Necesito una indicación sobre qué camino seguir; no, no es cierto, necesito una brújula, eso es, necesito una brújula que me oriente. Pero ¿dónde consigo una brújula mental?, además ¿qué hago si según mi perspectiva no hay ya camino qué seguir?, ¿ir al vacío?...